Les comparto este texto expositivo que escribí para una guía de aprendizaje en un colegio. El departamento de lenguaje de este colegio decidió hacer una unidad sobre Emociones e Identidad, lo que considero una excelente idea para empezar a introducir el importantísimo tema de la educación emocional en niños y adolescentes.
La inteligencia emocional es un concepto que hace referencia al reconocimiento de las emociones en uno mismo y en los demás. Ante una emoción gatillada por un estímulo externo, la persona que ha desarrollado su inteligencia emocional es capaz de reconocer, regular y evaluar la emoción. Esto le permite actuar de forma consciente y premeditada ante el estímulo, en vez de reaccionar guiándose por una emoción que no reconoce. El desarrollo de la inteligencia emocional funciona como guía a la propia identidad, nos informa sobre nosotros mismos, nos ayuda a crear vínculos enriquecedores y nos mantiene sanos.
La consolidación de la identidad es una de las tareas más importantes en el desarrollo del ser humano, dentro de los desafíos que incluye está el poder formarse una imagen consistente de sí mismo, que no varíe en distintas situaciones y permanezca constante a lo largo del tiempo. La inteligencia emocional le permite a la persona conocerse en los distintos ámbitos de la vida, formando una imagen estable de si mismo al reconocer sus respuestas emocionales en cada situación o escenario en el que le toca desenvolverse.
Las tres partes fundamentales de la inteligencia emocional son el reconocimiento, la regulación y la evaluación de la emoción. Estas fases se pueden ver ejemplificadas en el siguiente caso:
Bernardita y Antonia son hermanas, de 16 y 15 años respectivamente. Ambas tienen tendencia a sentir rabia ante estímulos externos de los cuales creen no tener el control. Sin embargo, en el aspecto social son amistosas, alegres y comunicativas. A lo largo de sus vidas Bernardita ha desarrollado más la inteligencia emocional que Antonia.
El siguiente ejemplo ilustra un mismo escenario y dos formas distintas de abordarlo. Antonia le pide permiso a sus padres para ir a una fiesta y ellos le dicen que preferirían que no fuera. Ante esta situación externa ella siente rabia y reacciona ante los padres replicando con ira y firmeza. Esta situación refuerza una reacción aún más fuerte en los padres para compensar la respuesta de Antonia, esto hace que la discusión escale a una pelea y Antonia se quede sin ir a la fiesta y castigada.
En cambio, cuando Bernardita va donde sus padres a pedirles el mismo permiso que pidió su hermana y ellos le dan la misma respuesta, ella es capaz de utilizar las tres etapas de la inteligencia emocional: reconocer, regular y evaluar.
Al igual que Antonia, la emoción natural que surge en Bernardita es rabia. Pero a diferencia de ella, Bernardita es capaz de reconocer su emoción. Al reconocer la rabia, la hermana mayor sabe que puede hacer algo para regularla, por lo que decide salir a dar una vuelta fuera de casa hasta sentirse tranquila para poder pensar con claridad. Al haber regulado su rabia, Bernardita utiliza otra herramienta de la emocional que es el poder pensar sobre los estados emocionales de otros, lo que la hace darse cuenta de que la causa de la negativa de sus padres es que siempre han sido muy sobreprotectores frente a la seguridad de sus hijas, exagerando la sensación de peligro ante escenarios desconocidos. Esta reflexión en frío la lleva a entender que sus padres tienen miedo a que salga a un lugar desconocido y que le pueda pasar algo. Ante este hallazgo, Bernardita es capaz de elaborar un plan y volver a conversar con sus padres y contarles dónde va a ser la fiesta, con qué amigas va a ir, quién la va a pasar a buscar y a dejar, etc. Todo esto con el fin de que ellos contrasten su temor con hechos reales y evalúen el permiso.
En este caso gracias al desarrollo de la inteligencia emocional, Bernardita fue capaz de actuar en forma propositiva, en vez de reaccionar sin tomar conciencia de lo que estaba sintiendo.
La importancia de desarrollar estas tres habilidades emocionales radica en que tienen directa relación con cuanto se conoce la persona a si misma y cuanta influencia puede tener en el desarrollo de su vida. El conocer las emociones permite actuar de forma consciente en vez de reaccionar de forma inconsciente ante los eventos de la vida. Establecer una identidad coherente y consistente, le permite a la persona entablar amistades gratificantes y satisfactorias, formar metas claras de vida, interactuar con otros de manera adecuada, establecer relaciones íntimas y mantener una autoestima positiva. Observar los propios estados emocionales permite poder expresarse de manera positiva y no reactiva. La calidad de nuestra vida está determinada por la calidad de nuestras emociones y como las manejamos depende de nuestro nivel de entendimiento de estas.