“Fear of missing out” Una explicación al uso compulsivo de redes sociales

adolescentes y el fomo

Hoy en día la tecnología y redes sociales han tomado un rol protagónico en nuestras vidas. La utilidad que tienen estas herramientas para las personas ha hecho que sean ampliamente conocidas y que vayan adquiriendo cada vez más usuarios. A través de ellas se puede acceder de forma fácil y en tiempo real a información de todo tipo en la que están involucrados nuestros amigos o desconocidos, lo que representa una entretención muy atractiva para muchos, especialmente para los adolescentes.

A raíz del boom del uso de internet y redes sociales es que ha ido en aumento un fenómeno denominado: FoMO “fear of missing out”, en español es miedo a perderse algo o a quedar fuera. Este fenómeno hace referencia a una aprehensión generalizada que surge a raíz del pensamiento de que otros pueden estar teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno no está participando y se caracteriza por el deseo de estar continuamente conectado con lo que están haciendo los demás. El FoMO puede derivar en un abuso de las tecnologías y redes sociales, pasando de la sana entretención a un uso compulsivo que puede ser muy dañino.

La adolescencia

La identidad es un aspecto esencial en el desarrollo de cada adolescente, esta se construye con el foco en integrar de la mejor forma una personalidad sólida y estable en el tiempo. En esta etapa, el grupo de pares pasa a ser muy relevante, se convierte en un referente con el que los adolescentes van moldeando distintos aspectos que les gustaría incorporar a su forma de ser.

En las redes sociales se generan múltiples nuevos contextos de encuentro entre adolescentes, donde pueden expresar y explorar aspectos de su identidad, junto con adquirir un sentido de pertenencia y evitar sentir quedarse excluidos de lo que hacen sus pares y lo que publican en las redes sociales. En este sentido, por las características de la etapa del ciclo vital, los adolescentes estarían expuestos a un mayor riesgo a presentar FoMO.

Durante el desarrollo de la identidad, los adolescentes van generando distintas estrategias que pueden ser adaptativas o desadaptativas, lo que podrá favorecer o dificultar el proceso de construcción de su identidad. En relación al uso de redes sociales, entre las características adaptativas, destacan el autocontrol, la priorización de actividades saludables y la exploración de distintas alternativas de entretención offline.

Entre las características desadaptativas, se encontraría el FoMO, junto con otras características que generarían una mayor predisposición a presentarlo. En algunos estudios, se ha evidenciado que adolescentes con bajos sentimientos de competencia, poca autonomía, baja satisfacción con la vida, bajo ánimo, falta de relaciones, fuerte necesidad de sentirse populares o pertenecer, tienden a presentar mayores niveles de FoMO.

El circuito que genera el FoMO

En un estudio donde se revisó este fenómeno, se encontró que el FoMO y el uso compulsivo de redes sociales estaba asociado a la tendencia a experimentar mayores niveles de fatiga, ansiedad y depresión en adolescentes. Esto generaba en ellos un aumento en el deseo de volver a utilizar las redes sociales de forma compulsiva para intentar aplacar estos sentimientos, con mayor intensidad y frecuencia. Además experimentan mayores niveles de estrés cuando perciben no estar siendo lo suficientemente reconocidos o populares a través de estas redes.

Esto nos muestra que cuando aparece el FoMO, tiende a generarse un circuito negativo que se retroalimenta a sí mismo, manteniéndose en el tiempo. Este circuito consta de tres niveles: comportamiento, pensamiento y emoción.

Comportamiento: uso compulsivo de redes sociales.

Pensamiento: FoMO, miedo a perderse algo o a quedarse fuera.

Emoción: Fatiga, ansiedad y depresión.

Los intentos de solución a los sentimientos que genera el FoMO, terminan siendo inefectivos, ya que contribuyen a mantener este circuito negativo al impulsar al adolescente a volver a usar de forma compulsiva las redes sociales.

¿Cómo ayudamos a los jóvenes en formación a cortar este circuito negativo?

Para frenar este circuito, se puede intervenir en cualquiera de los tres niveles involucrados. Puede ser a nivel conductual, restringiendo el uso de aparatos electrónicos. A nivel cognitivo, al enfrentar y revisar los pensamientos de miedo a quedarse fuera. Esto se puede lograr reflexionando sobre lo que pasa en la realidad, donde existe un mundo fuera de internet, donde las personas pueden conectarse y generar vínculos significativos mediante actividades offline. Y por último, este circuito se puede cortar a nivel emocional, trabajando y enfrentando los sentimientos de fatiga, ansiedad y depresión sin recurrir a una pantalla que les genere una falsa sensación de regulación emocional, ya que esta solo contribuye a que se mantenga el circuito negativo del FoMO.

En importante tener en cuenta que los adolescentes son personas que aún están en formación y necesitan ayuda de sus padres y educadores para lograr esta tarea de la mejor forma posible. Es por esto que los expertos proponen varias sugerencias para guiarlos en esta labor, por ejemplo:

  • Establecer tiempos para el uso de redes sociales y objetos tecnológicos, una o dos horas al día. Para hacer más fácil este control, se puede pedir que dejen cargando los celulares en la noche fuera de la pieza y desconectar el wifi por un periodo de tiempo acotado.
  • Promover las actividades offline, que fortalezcan el aprendizaje, la actividad física o las relaciones sociales con gente de su misma edad, fomentando la comunicación directa. Además de definir en familia espacios libres de aparatos electrónicos.
  • Que los padres conozcan el funcionamiento y opciones que proveen las redes sociales. Esto les permitirá tener mayor acercamiento a las redes que manejan sus hijos y ser modelos de un adecuado uso de internet.
  • Hablar con los adolescentes sobre el uso de internet, mostrándole interés en lo que hacen y transmitiéndoles que se confía en sus criterios. Sin olvidar dos puntos fundamentales en la relación: el diálogo y la negociación, evitando acercarse con una actitud desconfiada y controladora.

Es importante reflexionar sobre las implicancias que puede tener en los adolescentes el uso indiscriminado de tecnologías y redes sociales. Especialmente pensando en la fragilidad y vulnerabilidad que caracterizan a este grupo etario debido a sus procesos biológicos, neurológicos, psicológicos, y sociales. Es por esto que se hace necesaria y fundamental la guía y la educación que puedan realizar los adultos significativos, quienes tienen que interiorizarse en el conocimiento de las redes que utilizan sus hijos para poder ayudarlos de una forma efectiva. Siendo una guía balanceada, que permita visualizar tanto los riesgos como las oportunidades de esta nueva forma de comunicarse en línea. Ya que el uso de tecnologías y redes sociales ha probado ser beneficioso por una parte y al mismo tiempo dañino para la salud mental de los adolescentes.

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