El estrés es el resultado de una reacción de supervivencia de nuestro organismo que se produce frente a diversos estímulos o condiciones que son percibidos como “amenazantes” o desafiantes, y su principal objetivo es el la protección propia.
Se entiende como estrés laboral al conjunto de reacciones que son desencadenadas por el trabajo o factores relacionados a este y que puede ser agudo, cuando se presenta en una situación específica y limitada en el tiempo, o crónico, que suele ser más frecuente y abarca una reacción ante varios aspectos del ámbito laboral sin límite de tiempo preciso.
Estas reacciones pueden ser variadas y manifestarse en distintas esferas de la vida del trabajador. Según esto, pueden dividirse en reacciones emocionales, fisiológicas, cognitivas y de comportamiento.
Reacciones emocionales
Son unas de las primeras en manifestarse. El retraso a la hora de entregar un proyecto, una presentación oral ante la junta directiva, o la sola presencia de un superior pueden llevar al trabajador a sentir temor, enojo, tristeza, irritabilidad o rabia.
Reacciones fisiológicas
El cuerpo responde al estrés a través de cambios agudos se presentan en las funciones vitales tales como aumento de la frecuencia cardíaca, palidez, sudoración, respiración frecuente y superficial. Todos estos son consecuencia de una liberación aguda de hormonas, como la adrenalina, que preparan al cuerpo para responder, generalmente con un comportamiento.
Reacciones cognitivas
Cuando tu jefe te pide que presentes un proyecto para evaluar si te darán un ascenso, o cuando estás analizando las evidencias de un caso que vas a defender, si eres abogado, la cascada de hormonas que se liberan en respuesta a esta situación, actúan también sobre el cerebro, de manera positiva si mejoran la atención, el razonamiento, la coordinación; aunque también pueden llevarte al extremo negativo, volverte distraído, estrechar tu campo perceptual y hacerte tener pensamientos incoherentes y desorganizados.
Reacciones de comportamiento
Por último, los cambios en las emociones, fisiología y cognición se expresan a través de una respuesta evidente en el comportamiento. Del mismo modo que sales corriendo si aparece un perro en la calle a atracarte, el estrés en el trabajo puede ayudarte a hacer la mejor presentación de tu vida, o por el contrario, volverte el hazme reír de tu equipo.
El estrés en el trabajo: las dos caras de la moneda
Las exigencias físicas y psicológicas que implica un puesto de trabajo pueden generar distintos grados de estrés, con respuestas adaptativas positivas y que llevan a soluciones, aunque también pueden llevar a disminución de la productividad, adicciones, agotamiento físico e intelectual, errores de ejecución, entre otros.
Esto se debe a que las mismas cascadas hormonales que se activan ante el estrés agudo producen una reacción “protectora” en el comienzo mejorando el desempeño laboral. No obstante, la exposición constante a estos estímulos expone al cuerpo de manera crónica a los efectos de dichas hormonas que pueden ser negativos y afectar tanto la ejecución del trabajo como la salud del individuo.
Así, el estrés del primer día de trabajo usualmente es positivo, te lleva a estar enfocado y atento a tus nuevas labores, observar el entorno, los compañeros, y la forma en cómo se desenvuelve el proceso productivo, todo lo cual te ayudará a desenvolverte día a día.
El estrés laboral se hace negativo cuando la respuesta deja de ser adaptativa, para mejorar, y comienza a perjudicar el desempeño del trabajo. Preocupaciones excesivas pueden llevar a ansiedad, pensamientos desorganizados, pérdida del foco de atención, insatisfacción con el trabajo, que incluso puede salir de la oficina y acompañar al trabajador a casa, con problemas de insomnio, abuso de alcohol o cafeína, y hasta repercutir en la dinámica de la familia.
Causas del estrés laboral
El estrés laboral se puede presentar por distintos factores que varían de acuerdo a las características propias de la ocupación y del trabajador. Estos precipitantes pueden ser:
- Factores relacionados al individuo; tales como edad, sexo, profesión y tipo de trabajo, presencia de enfermedades psicológicas o físicas previas, tiempo de trabajo, y características propias de la personalidad.
- Factores relacionados al puesto y a la dinámica del trabajo; en este grupo se encuentran las funciones desempeñadas, el salario, los incentivos, la motivación organizacional, el horario de trabajo, nuevas tecnologías en las empresas, y relaciones interpersonales entre los trabajadores, así como el acoso laboral.
¿Cómo frenar el estrés laboral?
Uno de los principales motivos de estrés laboral es la posibilidad de no poder cumplir con todas las exigencias en los plazos establecidos, por ello, el manejo efectivo del tiempo es clave para equilibrar las demandas del trabajo con las ofertas del trabajador.
La organización del tiempo es una gran estrategia para prevenir y controlar la respuesta al estrés laboral, y también en la vida diaria. Hacer un horario, llevar una agenda o tener una lista de tareas son estrategias efectivas para planificar tus labores. Igualmente, debes aprender como estructurar efectivamente dichas estrategias.
Un consejo muy efectivo es priorizar los deberes. Deja en el tope de tu lista aquellos asuntos que son primordiales, de mayor importancia que debes resolver primero; y coloca en los espacios libres aquellas actividades que pueden esperar un poco más. Trazar metas diarias objetivas y posibles también es una buena idea.
Otras estrategias, como la auto-recompensa y el reconocimiento propio de los logros, pueden ayudarte a mantener la motivación. Así mismo, dedícate un tiempo propio en la semana, para compartir con tu familia o solo para descansar, desconectándote de cualquier asunto laboral. Valora tus vacaciones, el tiempo lejos de la oficina es necesario periódicamente. Todas estas son estrategias para mantener una buena salud laboral.